Era una mañana de mayo en la Mezquita Sheikh Zayed. Una mujer, completamente cubierta con una abaya negra y un velo que reflejaban respeto y tradición, caminaba discretamente y llena de asombro. Unas horas más tarde, esa misma mujer emergía con los hombros y el ombligo descubiertos al volante de una Ferrari, brillante y lujuriosa por experimentar la velocidad en lugares donde el tiempo parece haberse detenido. Esta escena encarna las contrastantes facetas de la vida en Abu Dhabi, que quien escribe este artículo ha experimentado en las últimas semanas. Sí, soy la mujer de la mezquita y la Ferrari.

Recientemente se anunció que el emirato árabe, Abu Dhabi, será el anfitrión global del DÍA INTERNACIONAL DEL JAZZ 2025. A primera vista, puede parecer complejo o incluso confuso imaginar una celebración del jazz en una ciudad emiratí. ¿Las bailarinas de bellydance interpretarán swing? ¿Podrán fusionarse la escala maqam con la de blues? Y lo trascendental: ¿se podrán tomar cócteles?

Para responder estas preguntas describiré algunas sensaciones vividas durante mis meses en Emiratos Árabes. Abu Dhabi es un escenario de historia y vanguardia. Cada rincón sirve tanto de espejo de su tiempo como de ventana hacia el pasado. Una metrópoli que, al igual que el jazz, se encuentra en constante improvisación y reinvención, bajo el ala de sus propias tradiciones y el brillo (literal) de una modernidad edilicia deslumbrante. La Mezquita Sheikh Zayed es pura serenidad en mármol blanco. Sus arcos y cúpulas delineados contra el cielo del desierto y sus oraciones resonando en el eco con una cadencia que casi evoca los ritmos sincopados del jazz, donde la estructura es crucial pero la variedad de notas y plegarias prevalece.

 

En contraste, el Ferrari World, símbolo de velocidad y futurismo aunque un tanto kitsch, vibra con el zumbido propio de sus rojizas estrellas fugaces. Y recuerdo a Gillespie, apodado Dizzy por su comportamiento vertiginoso e inquieto tanto en el escenario como fuera de él.

Y en este momento hago una pausa poética para invitarlos a visualizar a Dizzy Gillespie interpretando un frenético solo de bebop desde una Ferrari a más de 300 kilómetros por hora haciendo temblar la mezquita para llegar a tiempo al happy hour de un bar y enterarse de que no hay alcohol.

Cuánto más nos gusta una copa en un país donde el alcohol está prohibido! Esta restricción de carácter religioso no deja de ser un lienzo en blanco para los bartenders y su creatividad a la hora de crear mocktails, aunque a criterio de la escritora siempre les falta el swing espirituoso. Un flagelo que se soluciona, como lamentablemente la mayoría de las vicisitudes en la vida, con dinero en hoteles de lujo donde sí se permite el alcohol. Lo espiritual y lo espirituoso conviven en ese punto de encuentro.

Habiendo expresado esta serie de percepciones muy personales pero que intentan transmitir lo que un lugar hace sentir, el International Jazz Day 2025 en Abu Dhabi no solo celebraría un género musical, sino también la identidad de una ciudad que, al igual que el jazz, es punto de encuentro entre el pasado y el futuro, donde la tradición se entrelaza con la innovación en un cruce lleno de contrastes. Un “call and response” continuo entre lo que fue y lo que será.

 

Pin It on Pinterest

Share This