Las canciones que construyeron el lenguaje del jazz: Una guía definitiva para descubrir las canciones que construyeron la historia del jazz, conocer a sus compositores y entender por qué siguen siendo el lenguaje común de los músicos de todo el mundo.

 

Por María Cueto

Si existe un idioma universal dentro del jazz, ese idioma está formado por los standards. Más que un repertorio de canciones, constituyen un patrimonio musical compartido que ha unido a generaciones de intérpretes durante más de un siglo. En cualquier ciudad del mundo, desde un pequeño club en Buenos Aires hasta un escenario en Nueva York, Tokio o París, basta con anunciar el nombre de uno de estos temas para que músicos que nunca antes tocaron juntos puedan comenzar a improvisar de inmediato.

Un jazz standard es una composición que por su enorme difusión, trascendió el contexto para el que fue creada y pasó a formar parte del repertorio habitual de los músicos de jazz. Muchas nacieron en musicales de Broadway, películas de Hollywood o en el catálogo del Great American Songbook. Otras fueron escritas directamente por grandes figuras del jazz como Charlie Parker, Thelonious Monk, Dizzy Gillespie, Miles Davis o John Coltrane y, con el tiempo, alcanzaron el mismo estatus.

Lo que distingue a un standard no es únicamente su popularidad. Lo convierte en un clásico el hecho de que cada generación vuelva a interpretarlo desde una perspectiva diferente. Las melodías permanecen, pero los arreglos, los tempos, las armonías y las improvisaciones cambian constantemente. Por eso, una misma composición puede sonar completamente distinta en manos de Billie Holiday, Oscar Peterson, Keith Jarrett o Brad Mehldau.Para los músicos, los standards son mucho más que canciones conocidas. Constituyen un método de aprendizaje. A través de ellos se estudian las progresiones armónicas más frecuentes, las formas musicales tradicionales, el fraseo, la improvisación y la interacción entre los integrantes de un grupo. No es casual que la mayoría de las jam sessions del mundo giren alrededor de este repertorio.

Para los oyentes, representan una excelente puerta de entrada al jazz. Escuchar distintas versiones de una misma obra permite descubrir cómo cada artista desarrolla una personalidad propia sin abandonar la esencia de la composición original. Esa capacidad de reinventar constantemente un mismo material es una de las características que hacen del jazz una música siempre viva.En esta selección, BA Jazz Magazine reúne cincuenta standards fundamentales. No se trata de un ranking ni de una lista definitiva, porque toda selección es necesariamente subjetiva. Sin embargo, cada una de estas obras cambió de alguna manera la historia del jazz, inspiró a generaciones de músicos o continúa siendo parte indispensable del repertorio de estudio y de concierto.

Te invito a recorrer esta guía acompañado por la playlist que hice en el canal de Youtube de BA Jazz Magazine, escuchando cada tema mientras lees su historia. Descubrirás que detrás de cada melodía hay un compositor, una época, una revolución musical y una razón por la que, décadas después de haber sido escrita, sigue emocionando a músicos y oyentes de todo el mundo.

 

1. All the Things You Are (Jerome Kern, 1939)

Compuesta por Jerome Kern para el musical Very Warm for May, All the Things You Are es uno de los standards más admirados por su extraordinaria riqueza armónica. Sus constantes modulaciones la convirtieron en un desafío irresistible para improvisadores como Charlie Parker, Dizzy Gillespie y Bill Evans. Estudiarla permite comprender algunos de los recursos armónicos más importantes del jazz moderno y por eso sigue siendo una pieza imprescindible en conservatorios, jam sessions y conciertos de todo el mundo.

2. All of Me (Gerald Marks y Seymour Simons, 1931)

Desde su publicación en 1931, All of Me se transformó en uno de los grandes clásicos del jazz vocal. Su melodía memorable y su estructura armónica accesible hicieron que artistas como Billie Holiday, Louis Armstrong, Ella Fitzgerald y Frank Sinatra la incorporaran a su repertorio. Es uno de los primeros standards que estudian muchos músicos porque permite desarrollar el swing y la improvisación sobre una progresión clara y elegante.

3. Donna Lee (Charlie Parker, 1947)

Donna Lee es uno de los máximos exponentes del bebop. Atribuida tradicionalmente a Charlie Parker, esta vertiginosa melodía, construida sobre la armonía de Indiana, exige gran dominio técnico y un profundo conocimiento del lenguaje bebop. Interpretarla correctamente representa un verdadero desafío y continúa siendo una prueba de fuego para generaciones de improvisadores.

4. Summertime (George Gershwin, 1935)

Escrita por George Gershwin para la ópera Porgy and Bess, Summertime trascendió rápidamente el mundo académico para convertirse en uno de los standards más interpretados de la historia. Su mezcla de lirismo, blues y música popular ofrece un amplio espacio para la improvisación, razón por la cual ha sido grabada por cientos de artistas y continúa siendo una puerta de entrada ideal al jazz.

5. Fly Me to the Moon (Bart Howard, 1954)

Originalmente titulada In Other Words, Fly Me to the Moon alcanzó fama mundial gracias a la versión de Frank Sinatra con arreglo de Quincy Jones. Su elegante melodía y su inconfundible swing la convirtieron en un clásico del jazz y de la canción estadounidense. Es una excelente obra para iniciarse en el repertorio estándar por su equilibrio entre sencillez y sofisticación.

6. There Will Never Be Another You (Harry Warren, 1942)

Compuesta para la película Iceland, There Will Never Be Another You es uno de los standards más habituales en las jam sessions. Su estructura armónica combina fluidez y desafío, ofreciendo un excelente terreno para practicar improvisación y desarrollo melódico. Versiones de Chet Baker, Lester Young y Sonny Rollins ayudaron a consolidarla como un clásico del repertorio moderno.

7. Autumn Leaves (Joseph Kosma, 1945)

Pocas canciones son tan universales como Autumn Leaves. Nacida en Francia bajo el título Les Feuilles Mortes, encontró una nueva vida en el jazz gracias a su inolvidable secuencia de acordes. Su progresión de ii-V-I la convierte en una de las herramientas de estudio más importantes para cualquier improvisador, además de ser una de las melodías más reconocibles del género.

8. Blue Monk (Thelonious Monk, 1954)

Con Blue Monk, Thelonious Monk demostró que un blues de doce compases podía convertirse en una obra profundamente original. Su melodía sencilla, llena de silencios y desplazamientos rítmicos, refleja el inconfundible lenguaje del pianista. Es uno de los mejores standards para comprender la relación entre el blues y el jazz moderno.

9. Stella by Starlight (Victor Young, 1944)

Nacida como música para una película de Hollywood, Stella by Starlight se convirtió en uno de los standards armónicamente más sofisticados del repertorio. Sus cambios tonales y su delicada melodía han inspirado a generaciones de improvisadores, convirtiéndola en una obra indispensable para quienes desean profundizar en el jazz moderno.

10. Body and Soul (Johnny Green, 1930)

Body and Soul es una de las grandes baladas de la historia del jazz. Aunque fue compuesta para un musical británico, alcanzó la inmortalidad gracias a la histórica grabación de Coleman Hawkins en 1939, considerada uno de los primeros grandes solos de saxofón tenor registrados. Desde entonces, estudiar esta obra significa adentrarse en el arte de la interpretación melódica y la improvisación expresiva.

11. Mr. P.C. (John Coltrane, 1959)

Compuesta por John Coltrane como homenaje a su contrabajista Paul Chambers, Mr. P.C. es uno de los blues menores más importantes del jazz moderno. Su energía, su intensidad y su estructura sencilla la convirtieron en un clásico de las jam sessions y en una excelente introducción al lenguaje del hard bop.

12. On the Sunny Side of the Street (Jimmy McHugh, 1930)

Optimista y llena de swing, On the Sunny Side of the Street nació como una canción para Broadway y rápidamente fue adoptada por el jazz. Las versiones de Louis Armstrong, Dizzy Gillespie y Tommy Dorsey la transformaron en un clásico, ideal para desarrollar el fraseo y el sentido rítmico.

13. Take the «A» Train (Billy Strayhorn, 1941)

Aunque muchos la atribuyen a Duke Ellington, Take the «A» Train fue escrita por Billy Strayhorn y se convirtió en la pieza insignia de la orquesta de Ellington. Inspirada en la línea de metro que llevaba a Harlem, simboliza la elegancia de la era del swing y sigue siendo uno de los temas más representativos del jazz.

14. As Time Goes By (Herman Hupfeld, 1931)

La película Casablanca convirtió a As Time Goes By en una de las canciones más famosas del siglo XX. Su belleza melódica atrajo rápidamente a los músicos de jazz, que encontraron en ella una balada perfecta para la improvisación y la expresión emocional.

15. Smoke Gets in Your Eyes (Jerome Kern, 1933)

Originalmente escrita para el musical Roberta, Smoke Gets in Your Eyes es una de las grandes baladas del Great American Songbook. Su refinada armonía y su intensa carga romántica inspiraron memorables versiones de Coleman Hawkins, Sarah Vaughan y The Platters, consolidándola como un clásico del repertorio jazzístico.

16. Goodbye Pork Pie Hat (Charles Mingus, 1959)

Charles Mingus compuso Goodbye Pork Pie Hat como homenaje al saxofonista Lester Young tras su fallecimiento. Su carácter melancólico y su profunda carga emocional la convirtieron en una de las composiciones más admiradas del jazz moderno y en una muestra del talento compositivo de Mingus.

17. In a Sentimental Mood (Duke Ellington, 1935)

Pocas baladas reflejan tanta elegancia como In a Sentimental Mood. Escrita por Duke Ellington, combina una melodía inolvidable con una armonía sofisticada que ha seducido a músicos durante décadas. La versión junto a John Coltrane es considerada una de las grabaciones más bellas de la historia del jazz.

18. Naima (John Coltrane, 1959)

Dedicada a su entonces esposa, Naima es una de las composiciones más personales de John Coltrane. Su atmósfera contemplativa y sus innovadoras sonoridades marcaron un nuevo camino para el jazz modal y demostraron que la intensidad emocional podía surgir también desde la calma.

19. Minor Swing (Django Reinhardt y Stéphane Grappelli, 1937)

Símbolo del gypsy jazz, Minor Swing nació de la creatividad de Django Reinhardt y Stéphane Grappelli. Construida sobre una sencilla progresión en tonalidad menor, abrió un enorme espacio para la improvisación y continúa siendo una de las obras más interpretadas dentro del jazz europeo.

20. My Funny Valentine (Richard Rodgers y Lorenz Hart, 1937)

Compuesta para el musical Babes in Arms, My Funny Valentine encontró en el jazz un nuevo hogar. La versión de Chet Baker la convirtió en una de las baladas más emblemáticas del género, admirada por su delicadeza melódica y su enorme capacidad para transmitir emoción. Es una obra imprescindible para comprender el arte de la interpretación en el jazz.

21. Take Five (Paul Desmond, 1959)

Compuesta por Paul Desmond para el legendario álbum Time Out del Dave Brubeck Quartet, Take Five popularizó el inusual compás de 5/4 y demostró que el jazz podía explorar nuevas posibilidades rítmicas sin perder su capacidad de conectar con el público. Su inolvidable riff la convirtió en una de las piezas más reconocibles de la historia del género.

22. Misty (Erroll Garner, 1954)

Nacida como una composición para piano de Erroll Garner, Misty pronto recibió letra y pasó a formar parte del repertorio de los grandes cantantes de jazz. Su refinada armonía y su lirismo la convirtieron en una de las baladas más interpretadas del Great American Songbook y en un clásico para vocalistas e instrumentistas.

23. Moanin’ (Bobby Timmons, 1958)

Con su mezcla de blues, góspel y hard bop, Moanin’ se convirtió en uno de los grandes himnos del Jazz Messengers de Art Blakey. Su melodía poderosa y su energía contagiosa representan a la perfección el sonido del hard bop de finales de los años cincuenta.

24. Billie’s Bounce (Charlie Parker, 1945)

Billie’s Bounce es uno de los blues bebop más influyentes jamás escritos. Charlie Parker tomó la estructura tradicional del blues y la transformó con un lenguaje armónico y melódico completamente nuevo, convirtiendo esta composición en un modelo de estudio para cualquier improvisador.

25. So What (Miles Davis, 1959)

Incluida en el histórico álbum Kind of Blue, So What revolucionó el jazz al basarse en la improvisación modal en lugar de complejas progresiones armónicas. Su sencillez estructural abrió un universo de posibilidades creativas y marcó el comienzo de una nueva etapa en la historia del jazz.

26. Nica’s Dream (Horace Silver, 1954)

Horace Silver dedicó Nica’s Dream a la baronesa Pannonica de Koenigswarter, una de las grandes mecenas del jazz. La composición combina influencias latinas con el lenguaje del hard bop y destaca por su elegante melodía y su riqueza rítmica, convirtiéndose en una de las obras más representativas del pianista.

27. Blues for Alice (Charlie Parker, 1951)

Con Blues for Alice, Charlie Parker reinventó el blues tradicional mediante sofisticadas sustituciones armónicas que hoy se conocen como los «Bird Changes». Es una pieza fundamental para comprender la evolución del bebop y uno de los mayores desafíos para los estudiantes de improvisación.

28. Waltz for Debby (Bill Evans, 1956)

Inspirada en la sobrina de Bill Evans, Waltz for Debby combina la delicadeza de un vals con la sensibilidad armónica característica del pianista. Su atmósfera íntima y su lirismo la han convertido en una de las composiciones más admiradas del jazz moderno.

29. Basin Street Blues (Spencer Williams, 1928)

Escrita como homenaje a la famosa calle de Nueva Orleans, Basin Street Blues evoca el ambiente donde nació el jazz. Gracias a las versiones de Louis Armstrong y otros grandes músicos, se transformó en uno de los grandes clásicos del repertorio tradicional y en un símbolo de los orígenes del género.

30. But Not for Me (George Gershwin, 1930)

Compuesta por George Gershwin para el musical Girl Crazy, But Not for Me encontró una segunda vida en el jazz gracias a su melodía elegante y su armonía flexible. Versiones de Chet Baker, Ella Fitzgerald y Miles Davis la consolidaron como uno de los standards más interpretados en conciertos y jam sessions.

31. Days of Wine and Roses (Henry Mancini, 1962)

Compuesta por Henry Mancini para la película homónima, Days of Wine and Roses pasó rápidamente del cine al repertorio de jazz. Su delicada melodía y su refinada armonía la convirtieron en una favorita de músicos como Oscar Peterson, Bill Evans y Wes Montgomery, además de ser una excelente pieza para estudiar improvisación.

32. Don’t Get Around Much Anymore (Duke Ellington, 1940)

Originalmente titulada Never No Lament, esta composición de Duke Ellington recibió posteriormente la letra que la hizo mundialmente conocida. Su inconfundible swing y su elegancia melódica la transformaron en uno de los standards más representativos del repertorio de las grandes orquestas.

33. Cheek to Cheek (Irving Berlin, 1935)

Estrenada por Fred Astaire en la película Top Hat, Cheek to Cheek es una de las canciones más célebres del Great American Songbook. Su melodía luminosa y su ritmo elegante conquistaron rápidamente a los músicos de jazz, que la incorporaron como un clásico tanto para cantantes como para instrumentistas.

34. Giant Steps (John Coltrane, 1959)

Con Giant Steps, John Coltrane redefinió los límites de la armonía en el jazz. Sus rápidas modulaciones, conocidas como los Coltrane Changes, representan uno de los mayores desafíos del repertorio y marcaron un antes y un después en la evolución del lenguaje improvisatorio.

35. Honeysuckle Rose (Fats Waller, 1929)

Escrita por Fats Waller para un espectáculo de Broadway, Honeysuckle Rose combina humor, swing y una melodía inolvidable. Desde su estreno ha sido interpretada por innumerables músicos y continúa siendo una de las composiciones más queridas del repertorio clásico del jazz.

36. A Night in Tunisia (Dizzy Gillespie, 1942)

A Night in Tunisia es una de las obras fundamentales del bebop. Dizzy Gillespie incorporó ritmos de inspiración afrocaribeña y una armonía innovadora para la época, creando una pieza que amplió los horizontes del jazz y se convirtió en una prueba de virtuosismo para generaciones de improvisadores.

37. How High the Moon (Morgan Lewis, 1940)

Aunque nació como una canción de Broadway, How High the Moon alcanzó un lugar privilegiado en el jazz gracias a las revolucionarias interpretaciones de Ella Fitzgerald y Charlie Parker. Su progresión armónica dio origen a numerosos contrafacts, entre ellos el célebre Ornithology.

38. It Don’t Mean a Thing (If It Ain’t Got That Swing) (Duke Ellington, 1931)

Con esta composición, Duke Ellington inmortalizó una de las frases más famosas de la historia del jazz: «It don’t mean a thing if it ain’t got that swing». Más que un standard de jazz, la obra se convirtió en una declaración de principios sobre la importancia del ritmo y el swing como esencia del género.

39. It Had to Be You (Isham Jones y Gus Kahn, 1924)

Publicada en 1924, It Had to Be You ha atravesado generaciones gracias a su encanto melódico y a su versatilidad. Frank Sinatra, Tony Bennett, Diana Krall y decenas de artistas contribuyeron a mantenerla vigente como una de las grandes canciones del repertorio jazzístico.

40. Night and Day (Cole Porter, 1932)

Considerada una de las obras maestras de Cole Porter, Night and Day destaca por su original construcción melódica y su sofisticación armónica. Desde las versiones de Frank Sinatra hasta las de Ella Fitzgerald y Joe Henderson, sigue siendo uno de los standards más elegantes y perdurables del Great American Songbook.

41. Satin Doll (Duke Ellington y Billy Strayhorn, 1953)

Elegante, sofisticada y profundamente ligada al sonido de la orquesta de Duke Ellington, Satin Doll es uno de los standards más representativos del swing. Su refinada armonía y su inconfundible melodía la convirtieron en una pieza habitual del repertorio de grandes bandas y pequeños grupos de jazz.

42. ‘Round Midnight (Thelonious Monk, 1944)

Considerada por muchos la balada más importante del jazz, ‘Round Midnight refleja el universo armónico único de Thelonious Monk. Su atmósfera introspectiva y su riqueza melódica inspiraron versiones memorables de Miles Davis, Chet Baker y Dexter Gordon, consolidándola como un clásico absoluto.

43. Like Someone in Love (Jimmy Van Heusen, 1944)

Escrita para una película de Paramount Pictures, Like Someone in Love encontró en el jazz un terreno ideal para desarrollarse. Su melodía fluida y su armonía elegante la convirtieron en una favorita de artistas como Chet Baker, Bill Evans y Stan Getz, que exploraron toda su riqueza expresiva.

44. My One and Only Love (Guy Wood, 1952)

Con una de las melodías más románticas del repertorio, My One and Only Love es una balada imprescindible para cantantes e instrumentistas. La célebre versión de John Coltrane junto a Johnny Hartman elevó esta canción a la categoría de clásico del jazz vocal.

45. My Foolish Heart (Victor Young, 1949)

Compuesta para la película del mismo nombre, My Foolish Heart se convirtió en uno de los standards de jazz más delicados del jazz gracias a las inolvidables interpretaciones de Bill Evans. Su armonía refinada y su carácter introspectivo la transformaron en una referencia para pianistas y amantes de las grandes baladas.

46. Someone to Watch Over Me (George Gershwin, 1926)

George Gershwin escribió Someone to Watch Over Me para el musical Oh, Kay!, pero su belleza melódica hizo que trascendiera rápidamente el teatro. Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan y Frank Sinatra la convirtieron en una de las baladas más emblemáticas del Great American Songbook y del repertorio jazzístico.

47. Cry Me a River (Arthur Hamilton, 1953)

Popularizada por Julie London y reinterpretada por Ella Fitzgerald, Cry Me a River destaca por su intensidad emocional y su refinada armonía. Aunque nació como una canción popular, el jazz la adoptó rápidamente, convirtiéndola en una de las baladas más interpretadas del siglo XX.

48. How High the Moon (Morgan Lewis, 1940)

Gracias a su sofisticada progresión armónica, How High the Moon ocupa un lugar central en la historia del jazz. Charlie Parker utilizó sus acordes para crear Ornithology, mientras que Ella Fitzgerald la transformó en una obra maestra del scat, demostrando el enorme potencial creativo que encierra esta composición.

49. Strange Fruit ( Abel Meeropol , 1939)

Interpretada por Billie Holiday, es una canción emblemática que denuncia la violencia racial y los linchamientos sufridos por la comunidad afroamericana en Estados Unidos. Su profunda carga emocional la convirtió en una de las piezas de protesta más importantes de la historia del jazz.

50. Night and Day (Cole Porter, 1932)

Pocas canciones reflejan tan bien la elegancia del Great American Songbook como Night and Day. La sofisticación armónica de Cole Porter atrajo rápidamente a los músicos de jazz, que la transformaron en un standard imprescindible. Versiones de Frank Sinatra, Ella Fitzgerald y Joe Henderson mantienen viva una obra que sigue siendo sinónimo de buen gusto, lirismo y sofisticación.

Escucha todos estos standards en la PLAYLIST de Youtube 

 

Los jazz standards son mucho más que un conjunto de canciones célebres: constituyen el repertorio sobre el que se ha construido el lenguaje del jazz durante más de un siglo. En ellos conviven Broadway, el blues, el bebop, el hard bop, el jazz modal y la tradición vocal estadounidense. Cada uno representa una etapa distinta en la evolución de esta música y ofrece una nueva oportunidad para descubrir cómo la improvisación transforma una misma melodía en una experiencia irrepetible.

Ya seas músico, estudiante o simplemente un amante del jazz, conocer estas cincuenta obras es adentrarse en el corazón del género. Escúchalas en distintas versiones, compara las interpretaciones y vuelve a ellas una y otra vez. Como ocurre con los grandes libros o las grandes películas, los mejores standards siempre revelan algo nuevo en cada escucha.

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